– Psst… psst… pilas, ahí viene la Batería.

– ¡Uff que difícil! A esa nena toca afinarla, se le mete todo el ruido, no queda NUNCA bien…

– Shhhhh – Lo interrumpe su compañero mientras entra al bar una Batería gorda, estruendosa, TUN-TU-PA suave, como una diosa del bar;  todos la desean, todos la miran, casi todos con miedo.

– Mírela si ve, ¡mamacita rica!

– Rica y todo pero no se ilusione… Ud. sabe que ella sólo se sienta en la mesa con los manes de los estudios grandes.

6 tequilas después…

– ¡Bueno pero qué carajo! ¡Yo en mi casa tengo una Batería inflable que es casi la misma cosa!

– De hecho es mejor porque no toca aguantarse el ruido y el problema de una batería de verdad.

– Ni al batero…

– Uy sí, el batero…

Y así fue como la música comenzó a sonar igual, nadie arriesgaba y todos sonaban perfecto. Pronto la música dejó de ser hecha por los humanos y ahora Skynet, la maquina pensante, controlaba toda la producción musical; generando docenas de éxitos diarios con baterías digitales y voces robóticas autotuniadas, perfectas como la máquina. El Rock n Roll aguantó algunos años más, luchando desde la periferia, hasta que un día se dio cuenta que ya no había humanos, todos se habían vuelto robots. Se pegó un tiro y nadie lo extrañó.

FIN


Live Room en el Ziggurat

Para mi la producción de la batería siempre ha representado la parte más importante de la producción de música urbana, es la que define en muy buena parte el tono, estilo y ritmo de la canción.

¿O que tal si dejamos la pendejada de querer que todo sea perfecto y grabamos unos tarros de verdad?

Entonces, en esta primera entrega de un especial de 3 partes sobre grabación de batería lo primero que quiero hacer es convencerlos de que efectivamente graben una batería. Una de verdad.

Pero es muy difícil…

Quizás era difícil, hoy día no es tan difícil. Esa noción, que grabar una batería es algo imposible, viene de la época en que las máquinas de grabación eran monstruos gigantes que ocupaban cuartos enteros y que tragaban costosísimos carretes de cinta. Las cosas han cambiado mucho desde ese entonces y hoy día, un estudio de grabación casero con capacidad de grabar una batería está al alcance de cualquiera que tenga las ganas de hacerlo. Además, las cosas que valen la pena en la vida no son fáciles, y grabar una batería es una de las partes más emocionantes de una producción. No sean flojos.

Pero necesito miles de micrófonos…

La producción musical evolucionó de la mano de, no unos científicos, sino de unos locos que por 6 décadas se han dedicado a conectar una cosa con otra, a veces provocando un incendio, a veces logrando hermosos sonidos. Y grandes sonidos en algunos casos se lograron sencillamente experimentando. Por ejemplo, el sonido clásico de John Bonham en “When The Leeve Breaks” del Led Zeppelin IV fue logrado por Andy Johns en la sala de una casa antigua con tan sólo dos micrófonos y un delay. Si algo hemos aprendido es que las limitaciones nunca han detenido a la verdadera curiosidad artística. Cabe aclarar que en el Led Zeppelin IV, Andy Johns no grabó con dos micrófonos porque no tenía más, lo hizo por una decisión estética.

El cuarto álbum de Led Zeppelin se grabó en un estudio móvil que hacía muy poco habían comprado los Rolling Stones, era literalmente un remolque arrastrado por una tractomula. ¿Por qué una banda como Zeppelin alquilaría un camión para hacer un disco? Más intrigante si tenemos en cuenta que con toda seguridad habían podido grabar el disco en cualquier estudio. Lo que en esos tiempos ocupaba todo un remolque hoy no ocupa más que una maleta con un laptop, una interface y unos micrófonos

Pero no tengo tratamiento acústico…

La sala donde grabó Zeppelin tampoco. Las salas de los estudios de grabación son diseñadas para lograr condiciones acústicas específicas, eso no significa que unas condiciones acústicas favorables se den exclusivamente en un estudio de grabación. El patio de la abuelita puede ser un tesoro acústico inexplorado.

Pero nuestro batero no es tan bueno…

¿Y cómo va a volverse bueno si nunca lo dejan grabar? Grabar es aprender, y aprender comienza con enfrentarse a la realidad. Sí, Uds. podrían evitarse todo el problema poniendo unos loops perfectos y quedan cómo unos profesionales. Eso me hace pensar en esas viejas que se ponen esos brassieres con rellenos gigantes, o esos jeans que convierten las piernas carnuditas en estilizadas morcillitas empacadas al vacío. ¿Qué pasará esa noche cuando el afortunado del bar se deshaga del brassiere y el jean? ¿Qué van a hacer Uds. cuando les toque presentar en vivo la canción que tan profesionalmente grabó otro baterista en otro continente? Sugerencia para ambos: mejor háganlo con la luz apagada.

Pero nuestro género no usa batero, son samples…

¿Y? ¿De dónde creen que salen los samples? No es una cigüeña que llega por las noches y deja en nuestros computadores gigas y gigas de redoblantes y bombos. Eso también se graba en alguna parte, y esa parte puede ser el closet de su cuarto o una bodega abandonada ¡Imaginen las posibilidades! Y de nuevo, lo bueno de crear nuestros propios sonidos es que esa es realmente la única forma de no sonar igual que todo el mundo.

Entonces no más peros, alisten la batería, el batero, los equipos que tengan y en la próxima entrega de Ars Futura vamos a grabar unos tarros de verdad.

Salvemos la música y si tienen preguntas déjenlas aquí abajo.